CONCEPTO. NOS GANÓ LA ESTRATEGIA

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La incertiumbre y la ansiedad que continúan a las derrotas, suelen desfigurar las razones de lo que sucedió. Veamos, la actuación de Germán Delfino fue deficiente, pero Chacarita, tras un comienzo auspicioso, se apartó de su idea y observó un déficit estratégico sensible: jugar donde y cómo lo dispuso su adversario.

Dos temas
Son, acaso, dos ideas paralelas para reflexionar sobre la derrota frente a Talleres. La primera de ellas surge tras una duda. ¿Cómo juega el rival? Apelando al fútbol físico y directo, donde el roce permanente, la velocidad y el esfuerzo atlético han absorvido por completo a los improvisadores.
El equipo cordobés es un ladrillo, hábil para compactarse y contraerse desde el cento del campo hacia atrás, sin siquiera un poco de brillo. En todo caso, un grupo pragmático que no dudó, luego de sacar ventaja, en practicar la vieja teoría de la emboscada, acumulando delante del cuerpo central de su defensa al resto de sus futbolistas.
Chacarita generó un comienzo promisorio (Mendoza, Coquito Rodríguez, Imbert y Martínez apelaron a la media distancia, tras llegar por detrás de los volantes cordobeses), porque impuso su idea, aunque usando un espacio largo del campo (Coyette apela saludablemente al achique frontal para recuperar la pelota, pero en espacios más breves), hasta que comenzó a debilitarse frente a la línea estratégica que compuso el rival.

Estrategia
Referir a la estrategia consiste en la respuesta a una pregunta: ¿quién domina el partido?, ¿quien tiene la posesión del balón 0 quien obliga al otro equipo a jugar en el sector del campo que más le conviene? Talleres ganó sensiblemente esa batalla.
Los motivos son simples: cuando se usa la posesión como sistema, la necesidad de ser precisos constituye la acción más importante del juego. Perder la noción del pase bien ejecutado y a destino, trae como consecuencia la división del balón en cualquier espacio del terreno y, en ese escenario, se impone con facilidad el equipo desarrollado mediante la voluntad, el roce y la fuerza.
Entonces, la vocación de servicio amenaza y derrota a la virtud, luego de ganar regularmente la segunda pelota. Conclusión: un grupo guerrero llevó a Chacarita a jugar sobre el balón dividido y lo doblegó en esa pelea porque, a diferencia del equipo de Coyette, ha sido constituido para esa circunstancia.

Segundo tema
Fue protagonizado por la actuación de Germán Delfino, el arbitro del partido. Con algo de solvencia, manifesto, ante distintas consultas posteriores, que en las expulsiones de Gagliardi y de Ibañez aplicó el reglamento.
Se le puede atribuir cierta tendencia a dirigir lejos de la jugada y a permitir el roce frecuente como un hecho lícito. Pero en los desaciertos de las expulsiones, es comprensible que declame haber usado el reglamento, ya que el error de las sanciones surgió de su interpretación de ese reglamento, el cual, por consecuencia, aplicó de forma deficiente y contradictoria.

Curiosamente, en ambas jugadas estaba muy cerca de lo que ocurrió y terminó cobrando lo que alcanzó a intuir, no lo que pasó. Es decir, ante la espectacularidad de la lucha en la de Gagliardi y los vuelcos y caidas en la de Ibañez, asumió lo que creyó ver como una certeza, negando lo que sucedió. Finalmente, por sus procediemientos irregulares, condicionó a Chacarita.
Caer en una lucha estratégica obliga a saber que para proteger a una idea, se debe insistir en un proceso virtuoso, en nuestro caso el mismo que nos ha llevado hasta este presente en Primera División y nos condujo a una derrtota después de diez partidos sin caídas, con un Ascenso incluido.
No tenemos otro camino que recobrar esas virtudes. Por ese camino seguiremos.

Daniel Mancini.

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